martes, 4 de marzo de 2014

Sonríe, nos gusta el violín


Para esta entrada quiero compartir con Uds. un video que publiqué, donde toco una versión simplificada de "Smile", la pieza que Charles Chaplin compuso para su película "Tiempos Modernos" (Estados Unidos, 1936), en plena era de la Depresión, la cual –pese a incluir ya una variedad de sonidos– es el canto de cisne de Chaplin para su magistral cine silente, el cual se había resistido a abandonar. Ojalá les guste.

Lección 5: ¡Cuidado con las indicaciones!

Como hemos venido indicando en estos apuntes, toda partitura cuenta con una serie de elementos que deben revisarse detenidamente antes de proceder a pasarla por las armas, digo, ejecutársela.

En primer lugar, de izquierda a derecha, tenemos la clave (sol, fa, do), que nos indica cómo se lee cada nota que aparece en el pentagrama (en la clave de sol en segunda línea –que es la que se usa para muchos instrumentos, en particular el violín– la nota sol de la segunda octava se coloca justo en la segunda línea del pentagrama, contando de abajo hacia arriba; esta nota se toca con el tercer dedo sobre la cuerda re).
El segundo elemento es el tipo de compás, el cual es aquel que se empleará de forma regular a lo largo de toda la pieza, y que puede ser de 4/4, de 3/4 o de 6/8, etcétera. Un compás 4/4 contiene cuatro tiempos, tomando como unidad de base la negra –el frijolillo oscuro con el palito–, y se cuenta "un, dos, tres, cuatro" o "un ííí dos ííí tres ííí cua ííí", donde a cada tiempo le corresponde una nota negra o dos corcheas.
El tipo de compás puede modificarse en algún punto de la partitura, a partir de donde se indique, y luego volver al original.
Enseguida, como tercer elemento, tenemos la armadura de clave, que nos da el tono –o registro– de la obra. Conocido en algunas comarcas como registro de do mayor, de si bemol, etcétera, se representa mediante sostenidos o bemoles al principio de la partitura –o en la parte del pentagrama en el que llegue a modificarse la armadura de clave–.
[Cable de último minuto: la armadura de clave nos indica cuáles notas verán alterado su sonido, sea con medio tono hacia arriba, en el caso de los sostenidos, o con medio tono hacia abajo, en el de los bemoles. Cuando no hay armadura de clave, la pieza se ejecuta en la escala natural o de do mayor, o sea, si alteración alguna en los tonos (sostenidos, bemoles), excepto en aquel compás en que aparezca el signo consabido, y solo en ese compás. Ah, y el becuadro anula el efecto de sostenidos y bemoles.]
Un ejemplo de armadura: el registro de sol mayor se representa con un signo de sostenido justo en la quinta línea del pentagrama –nota fa de la segunda octava–, de abajo arriba, lo que nos indica que debemos tocar como sostenido cada nota fa que aparezca en la partitura, excepto aquellas marcadas con un becuadro justo delante de ellas, pues ya dijimos que el becuadro anula el efecto de sostenidos y bemoles, pero solo en el compás en que se indique.
De la misma manera que el tipo de compás, la armadura de clave también puede modificarse a partir del punto en que se indique en la partitura, y puede quedar la obra ya con esa armadura, volver a la original o cambiar a otra.
Las partituras cuentan con muchos más elementos –signos de repetición, o indicaciones de intensidad de volumen o de velocidad, por ejemplo– pero por el momento es suficiente.
Resumiendo: antes de interpretar una partitura deben analizarse clave, tipo de compás, armadura de clave y demás indicaciones que tenga la partitura. Bone chance!

lunes, 21 de marzo de 2011

Sé el próximo Beatle.

Así es amigos, con el cuaderno de partituras 60 grandes éxitos de Lennon & McCartney Uds. pueden ser el próximo miembro de una de las bandas más grandiosas de todos los tiempos. Únanse a la celebración musical por los 50 años de los Beatles, y toquen todos juntos "All my loving", "All you need is love", "Yesterday", "Michelle", "Yellow submarine", "Lucy in the sky with diamonds", "Let it be", "A hard day's night", "Penny Lane", "When I'm sixty four", "The fool in the hill", "Eleanor Rigby", "I want to hold your hand", "Get back" y muchos otros.

¿Sabían que en los inicios de la banda, sus miembros apenas eran unos quinceañeros en promedio? ¿Que, antes que en Liverpool, primero se hicieron famosos en Hamburgo, en donde George Harrison tuvo que mentir acerca de su edad para obtener la residencia? ¿Que el nombre del grupo fue sugerido como homenaje a Buddy Holly y los Grillos?...
En fin, miles de anécdotas podrían contarse acerca de esta agrupación, que ha cautivado a generaciones desde hace medio siglo que se dio a conocer. Sin duda, esta es una espléndia oportunidad de ser parte de la gran celebración musical bitlemaniaca, que nadie puede dejar pasar; así que tomen su violín, bajen estas partituras de muestra y toquemos juntos a la de un-dos-tres... No lo piensen más, vayan por ese instrumento que tienen ocioso en este momento, únanse a la conmemoración por el medio siglo de los "Escarabajos", y sean el quinto beatle. (Anuncio patrocinado por Tchaikovski-Pérez Prado, llevando la música a tus oídos.)

domingo, 27 de febrero de 2011

Lección 4: De las figuras de nota

¡Pero claro! Cómo vamos a hablar de notas sin antes conocer sus figuras. Comencemos, pues, esta lección. Para tocar la música necesitamos conocer qué duración tiene cada uno de los sonidos(y los silencios; recuerden que la música es la combinación armónica de sonidos y silencios), así como a qué altura suena cada uno de ellos (La altura: qué tan grave o agudo se oye).

De manera fundamental, las notas se representan mediante una figura circular, que se llama cabeza. Según la posición de la cabeza en el pentagrama, el sonido que representa será bajo (grave) o alto (agudo); de manera que entre más arriba se encuentre del pentagrama, más aguda será la nota. Esto, en cuanto a la altura de los sonidos.
La duración de la nota varía de acuerdo a las figuras de nota. Básicamente, las notas son: la redonda, que se representa por un círculo un poco grueso y dura cuatro tiempos (un íii dos íii tres íii cua íii); la blanca, un frijolito blanco con un palito (fusta o plica), que le da apariencia de palo de golf blanco, y que dura dos tiempos (un íii dos íi); la negra, que parece un palo de golf oscuro y dura un tiempo (un íi); la corchea, palito de golf negro al que se le añadió una banderilla (corchete) al otro extremo de la plica, y dura medio tiempo, de manera que se tocan dos corcheas en un tiempo (un íii= dos corcheas); la semicorchea, que lleva dos corchetes y dura un cuarto de tiempo (un íii= cuatro semicorcheas); la fusa, con tres corchetes y duración de un octavo de tiempo (un íii= ocho fusas); y la semifusa, con cuatro corchetes y un dieciseisavo de duración por tiempo (un íii= 16 semifusas).
La anterior es una explicación heterodoxa, toda vez que en teoría musical se dice que la redonda representa la unidad absoluta, de manera que la blanca es la mitad de esa unidad (1/2); la negra, el cuarto (1/4); la corchea, el octavo (1/8), la semicorchea, 1/16; la fusa, 1/32; y la semifusa, 1/64. Mas, para fines prácticos, creo que les sirve para comprender la duración que deben darle a cada uno de los sonidos que vayan a tocar con su compañero inseparable.
Una nota final: la figura de nota representa un valor relativo. ¿Por qué relativo? Porque resulta muy subjetivo decir que una nota vale el tiempo completo o parte del tiempo de un compás, toda vez que aún nos falta saber qué tan rápido o lento transcurre en realidad ese tiempo, valor absoluto* (auténtico o real) que se expresa en la mayor o menor agilidad que le damos a la producción de cada uno de los sonidos y silencios.

* Valor absoluto: se determina por el aire, la velocidad de la obra.

jueves, 24 de febrero de 2011

Lección 3: si saben contar comiencen a hacerlo

Un millón de ocupaciones me han impedido continuar este blog hasta ahora, pero aquí estamos de nuevo con esta breve y –espero– sencilla nota.

Pues bien, toda partitura tiene como uno de sus principales elementos, inmediatamente después de la armadura de clave (que nos indica si emplearemos clave de sol, de fa o de do) un par de números, uno debajo del otro, como una especie de quebrado matemático. ¡Tranquilos, aquellos que no se las apañan con las matemáticas, que aquí no vamos a hacer operaciones complejas con sus temidas fracciones! No. Señoras y señores, esos números representan el tipo de compás que vamos a emplear.
Como somos principiantes aquí, comenzaremos con el compás 4/4 (cuatro cuartos). ¿En qué quedamos, pues, con las fracciones?, quizá exclamen algunos. Calma, calma.
En música, el tipo de compás expresa la duración de cada compás (en la partitura se dividen con líneas verticales); en el caso que nos ocupa, que nuestros compases durarán cuatro tiempos: un, dos, tres, cuatro.
Si tienen a la mano alguna partitura musical en tiempo de 4/4 y con notas negras (los frijolitos oscuros con un palillo, que se llama asta) tomen su violín y toquen cada una de las notas contando los tiempos en voz alta (o baja, si lo prefieren, pero ¡contando!).
Los tiempos, según nos enseñó un maestro de violín de la heroica Cuba, se cantan: un'y-dos'y-tres'y-cua-y [un íiii dos íii tres íii cua íii]. Lo del íii es importante, y es aún más importante que cada sílaba la pronuncien con una duración uniforme, porque más adelante les servirá mucho para tocar las corcheas (aquellas primas de las negras que al asta le añaden la banderita o están unidas entre sí con una sola línea horizontal).
Y es que, si cada nota negra vale un tiempo y cada corchea vale la mitad, al recitar la secuencia, donde tocan una sola nota negra también pueden tocar dos negras (Vgr: negra1= un íii; negra2= dos íii.../corchea1= un, corchea2= íii; corchea3= dos, corchea4= íii...).
Practiquen sus partituras con un movimiento completo del arco para las notas negras y medio movimiento para las corcheas, y háganlo con la velocidad que puedan, intentando más tarde incrementar la velocidad.
Un bonito ejercicio, si no tienen una partitura a la mano, es tocar al aire las cuatro cuerdas del violín, dándole un tiempo a cada una de ellas: sol, re, la, mi, mi, la, re, sol. Y tocar dos notas por cuerda, para sus corcheas: sol, sol, re, re, la, la, mi, mi, mi, mi, la, la, re, re, sol, sol.
Recuerden que tocar al aire significa sin oprimir las cuerdas con los dedos. Hasta la próxima...

domingo, 1 de febrero de 2009

Lección 2, ¿y las cuerdas?

Para tocar el instrumento tenemos que conocer también las cuerdas.

El violín es un instrumento afinado en quintas, o sea que cada cuerda aumenta en cinco grados la altura del sonido de la anterior. La primera, la más gruesa, es sol, la segunda es re, la tercera es la y la más delgada es mi. (Contemos los grados: SOL la si do RE mi fa sol LA si do re MI: UNO dos tres cuatro CINCO... Como vemos, si SOL es el primer grado, RE es el quinto, tomando como referencia la escala de sol; y a su vez LA es quinto grado respecto de RE, y MI quinta en relación con LA).

En una partitura, el sol de la primera cuerda, o sol grave, corresponde a la nota colocada bajo la segunda línea adicional debajo del pentagrama; el re grave (segunda cuerda) es la nota justo debajo de la primera línea del pentagrama, contando desde abajo; el la (tercera cuerda) es la nota que se escribe en el segundo espacio del pentagrama, también contando desde abajo, y el mi (cuarta cuerda) es la nota que aparece en el cuarto espacio del pentagrama.

[ANUNCIO DE NUESTROS PATROCINADORES: Diversos métodos y partituras de violín siguen la notación anglosajona, así que cabe referirla aquí para que sea de su conocimiento. En el sistema anglosajón los nombres de las notas se representan mediante letras: do (C), re (D), mi (E), fa (F), sol (G), la (A) y si (B)]

El sol grave se toca "al aire" en el violín, es decir, sin que dedo alguno (0) presione la cuerda. Con nuestro dedo índice (primer dedo o 1) se toca la nota la, presionando la cuerda sol. Para una correcta afinación, es necesario seguir las siguientes:

INSTRUCCIONES PARA QUE SU LA SUENE COMO DIOS MANDA

1) Provéase de un violín y un arco embreado. 2) Asegúrese de que la cuerda sol esté correctamente afinada. (Si no sabe afinarlo, que se lo afine su profesor o ayúdese con un afinador electrónico ajustado a 440 Hz). 3) Póngase en posición de violinista. 4) Colocar la tercera falange del dedo índice (primer dedo) junto a la cejilla. La tercera falange es donde la mano se convierte en dedo. 5) Bajar el dedo, haciendo una forma cuadrada, directamente sobre la cuerda. 6) Escuchar el sonido y comparar con lo que registra su afinador. Si en la pantalla aparece una A (la) y se enciende una lucecita verde, ¡misión cumplida!

Qué fácil, ¿no? Bueno, ¿y los demás sonidos? Pues como al la le sigue el si, esta nota se toca con el segundo dedo (el de en medio o corazón o 2), sin remover el primero. Dado que en la escala musical hay un sonido entero entre el la y el si, para tocar si en el violín se debe dejar un espacio entre el primer y el segundo dedo. Un espacio tal que cupiera otro dedo entre ellos. La nota do se toca con el tercer dedo (anular o 3), dejándolo ligeramente unido al segundo dedo y manteniendo éste, así como al primer dedo, sobre el diapasón. En este caso se unen los dedos porque entre si y do solamente hay medio tono en la escala musical. ¿Por qué? Presumibles razones de la física del sonido.

El re que corresponde a la segunda cuerda puede tocarse asimismo presionando la cuerda sol con el cuarto dedo (meñique o 4), dejando el espacio de un dedo respecto del do y todos los demás dedos en sus respectivas posiciones. Al respecto, es importante recordar que la correcta ejecución demanda no alzar los dedos conforme se va de una nota más baja (o grave) a una más alta (o aguda) o utilizar todos los dedos que correspondan a la nota. Ello porque por ahí andan algunos aprendices de violinistas que tocan el do sólo con el tercer dedo, dejando los demás al aire.

En las demás cuerdas, el sistema es (casi) el mismo. Esta manera de tocar corresponde a lo que se conoce como la primera posición de la mano izquierda. ¿Cómo, cómo cómo?

[OTRO ANUNCIO DE NUESTROS PATROCINADORES: la mano izquierda emplea varias posiciones a lo largo del diapasón para cubrir la escala de los sonidos, así en la cuerda sol: luego del re, sigue el mi, pero como todos los dedos de nuestra mano se encuentran atareados, si queremos tocar un mi en la cuerda sol, la mano debe recorrerse lo suficiente para que el primer dedo toque un si y no el la que originalmente tocaba. Cuando se domina la digitación sobre el diapasón, el violinista sabe exactamente qué tanto debe recorrer la mano para dar con su primer dedo notas más altas, sonora y artísticamente hablando, y poder digitar las que siguen.]

Decimos que es casi el mismo método porque en las cuerdas re y la el segundo dedo se coloca de manera distinta: unido al primer dedo. Esto se debe a que en dichas cuerdas las notas "de segundo dedo", mejor dicho, las alturas de sus respectivos sonidos, son de un semitono respecto de la anterior. Así, en la cuerda re: re (0), mi (1), fa (2), sol (3), la (4), y en la: la (0), si (1), do (2), re (3), mi (4). [Los números en paréntesis representan los dedos.]

En estas cuerdas, la separación del segundo dedo respecto del primero dan respectivamente fa y do sostenidos.

Recapitulando: 1) cada cuerda del violín tiene una afinación de quinto grado respecto de la anterior (sol, re, la, mi), 2) la tercera falange del primer dedo debe colocarse junto a la cejilla del violín, 3) el primer dedo cae sobre cada cuerda formando una especie de cuadrado y 4) la digitación de las notas sucesivas se lleva a cabo dejando el espacio de un dedo o unido al anterior según corresponda tono completo o semitono y 4) cada nota emplea siempre el mismo número de dedos que le corresponda.

Apuntes sobre el violín o, como quien dice, lección I...

Tarde pero seguro, héme aquí nuevamente. Les ofrezco en esta ocasión un breviario cultural para conocer a nuestro amigo el violín. Procedamos a revisar su anatomía de arriba abajo: la parte superior del instrumento está coronada por la cabeza o voluta (ing. scroll), que parece una especie de caracola. Inmediatamente debajo de ella se halla la caja de clavijas o clavijero (peg box), en el que se insertan cada una de las clavijas (pegs), las cuales sirven para mantener afinado el instrumento. En cada una de estas clavijas se insertan las cuerdas sol (clavija inferior izquierda, tomando como referencia la ilustración del violín que acompaña este texto), re (superior izquierda), la (superior derecha) y mi (inferior derecha). Es importante que las cuerdas se encuentren enroscadas en las clavijas de manera que la tensión de las mismas sea mayor conforme se giran las clavijas hacia la voluta, y se aflojen girándolas hacia el botón (end buttom). También es importante no tensar demasiado las cuerdas porque se pueden romper e incluso dañar a nuestro querido amigo con el latigazo que dan al romperse. (Para quienes no tenemos oído afinado, que de plano no sabemos reconocer la altura de cada uno de los sonidos, resulta muy útil adquirir un afinador electrónico que venden en cualquier tienda de instrumentos musicales. Con el tiempo, poco a poco va uno agarrando la onda.)


La parte que media entre el clavijero y el cuerpo del violín, se llama cuello (neck), sobre el que se encuentra el diapasón (fingerboard). Demos un paso atrás, para saludar la cejilla (nut) que une el cuello o mástil con el clavijero.


Cada una de las cuerdas se extiende desde las clavijas hasta el cordal o tiracuerdas (tailpiece), la pieza de madera negra (ébano) que se eleva al lado derecho del apoyo del mentón o barbilla (chin rest) y en la cual se incrustan asimismo los afinadores (fine tuners), una especie de tornillos que sirven para ajustar de manera más precisa la afinación de las cuerdas. El cordal se une en la parte inferior por el botón, ya mencionado, que ofrece un punto de tensión contrario al clavijero para la tensión de las cuerdas.


El puente (bridge) es la pieza de madera clara cuya función es mantener elevadas y tensas las cuerdas para el buen sonido del instrumento. Esta es una pieza muy delicada, ya que puede quebrarse debido a la tensión de las cuerdas cuando éstas llegan a romperse, y requiere una posición precisa sobre el instrumento. Visto de frente, es una pieza curva con un lado más alto que el otro. Sobre el instrumento, se coloca de manera que el lado más alto quede a la izquierda, más o menos al centro de los agujeros en forma de S (estos agujeros tienen hacia su parte media una pequeña aguja horizontal, que sirve de marca para ubicar el puente). Si quieren más datos y saber sobre cuidado de instrumentos, les recomiendo el blog http://zenker-instrumentos.blogspot.com/2007/09/introduccion-la-mayora-de-los.html


El sonido que se produce mediante la vibración de las cuerdas es captado por el instrumento gracias a estos agujeros con forma de S, que se llaman oídos, eses o efes (F holes) y canalizan las ondas sonoras hacia el interior o caja de resonancia.


Esta caja de resonancia, lo que propiamente sería el cuerpo del violín, se constituye de hojas de manera en forma tan sugerentemente femenina. La parte superior, en la que se hallan los oídos, se conoce como tabla armónica (soundboard), y sus laterales son las costillas filete (upper bout) y reborde (C bout). Dentro de la caja de resonancia se encuentra el puntal o alma (sound post).


No debe olvidársenos su compañero, el arco (bow), que comienza en la punta (tip) hasta el talón (frog) a todo lo largo de la varilla (stick). Hacia la parte inferior se encuentra el entorchado (winding), sobre el que se apoyan los dedos que lo sostienen, la férrula (ferule) y el tornillo (adjusting screw), que sirve para ajustar las cerdas o crines (bow hair). Cuando el instrumento es nuevo, hay que frotar las cerdas sobre la resina o brea (rosin) hasta que se produzca el sonido. De lo contrario, pueden pensar que los estafaron con un violín mudo. Sayonara!










domingo, 8 de junio de 2008

¡Que nadie se nos duerma!

Luego de haber resuelto los tres enigmas de la erotófoba princesa Turandot, con el riesgo de la decapitación al primer intento fallido, el pretendiente Calaf propone a su vez una adivinanza a su recién adquirida noviecita: ella debe saber cómo se llama su ignoto galán antes del amanecer, y si descubre el nombre, él con todo gusto entregará al verdugo la aventurada cabeza. Pero la princesita, con todo y su sangre real, es medio tramposa, así que manda a sus guardias y espías del palacio a que torturen a todo Pekín para que el nombre del forastero sea develado. Así, por edicto real, nadie puede dormir esa noche, bajo pena de muerte. Es entonces cuando Calaf canta su celebérrima aria “Nessun dorma”, que nadie duerma; una de las más conocidas, queridas y logradas de los anales operísticos.
Lo que sigue, lo tomamos de la Wikipedia:
“El nombre Turandot tiene origen persa y significa ‘la hija de Turan’. Turan era una región de Asia Central, parte del Imperio Persa. La historia de Turandot se remonta a un poema de Nezami, uno de los grandes poetas épicos de la literatura persa, llamado Las siete bellezas o Las siete princesas. En dicho poema se narra la historia de un príncipe persa de la época sasánida, que tenía siete princesas, cada una de ellas proveniente de un lugar distinto del imperio: Egipto, China, Rusia, Grecia, Turquía, India y Asia central. La princesa rusa no encontraba un hombre digno de ella, y por eso se había encerrado en una fortaleza y había declarado que se entregaría al que resolviera una serie de enigmas. Además, una vez resueltos los enigmas, debía pasar por su ‘puerta secreta, guardada por misteriosas espadas que amenazan con decapitar al intrépido’.
”Esta historia fue retomada por François de la Croix, un orientalista francés contemporáneo de Antoine Galland, el traductor de Las mil y una noches, en una colección de cuentos llamada Los mil y un días. En esta obra se hace una transposición cultural de la princesa rusa original a una fría y cruel princesa china llamada Turandokht, transposición que se proponía acentuar el carácter exótico de la historia.
”A partir de este relato, Carlo Gozzi creó una tragicomedia al estilo de la Comedia del arte, que luego fue recreada por el poeta alemán Friedrich Schiller. El texto de la ópera se basa en una traducción italiana de esta obra.
”Puccini comenzó a trabajar en Turandot en marzo de 1920, después de reunirse con los libretistas Guiseppe Adami y Renato Simoni. Inició la composición en enero de 1921. En marzo de 1924, había completado la ópera hasta el dueto final. Sin embargo, no había quedado satisfecho con el libreto del dueto y no reanudó el trabajo hasta el 8 de octubre, escogiendo la cuarta versión que hizo Adami del texto. El 10 de octubre le diagnostican a Puccini cáncer de garganta y muere pocas semanas después, el 29 de noviembre, dejando tan sólo treinta y seis páginas con esbozos sobre el final de Turandot. Puccini también dejó instrucciones para que Riccardo Zandonai terminara la ópera, pero su hijo Tonio objetó esta decisión y fue comisionado Franco Alfano para concluir la obra.
”El estreno de Turandot se realizó en La Scala de Milán, el 25 de abril de 1926, bajo la dirección musical de Arturo Toscanini.
”A la mitad del acto tercero, dos compases luego de las palabras ‘Liù, poesía!’, la orquesta se detuvo, Toscanini bajó la batuta, se volvió al público y dijo ‘qui il maestro finí’ (“aquí terminó el maestro”). El telón descendió lentamente. Las representaciones posteriores incluyeron el final compuesto por Alfano.
”En 2002, Luciano Berio compuso un nuevo final para Turandot, que recibió críticas mixtas”.

viernes, 23 de mayo de 2008

¡Claro!, pero ¿cómo se lee “la música”?

¡Uffff! Diversas actividades nos habían mantenido alejados de este blog, pero nunca es tarde para retomar el rumbo, y ahora deseamos ofrecerles algunos conocimientos básicos de solfeo que nos ha dado nuestro profesor de violín. Va, pues.
La música, dice Pero Grullo Pérez de la Borbolla, se representa en partituras mediante signos, los cuales se escriben en un conjunto de líneas horizontales y equidistantes mejor conocido como pentagrama. (¡Cómo lo supo!) Algunos de estos signos musicales son, precisamente, las notas, que representan la altura de los sonidos, como quien dice su agudeza o su gravedad.
Debido a que existen sonidos demasiado graves o demasiado agudos, el pentagrama resulta insuficiente para abarcar la extensión de todos ellos, por lo que es común que se añadan pequeñas líneas horizontales abajo o arriba del pentagrama.
Como ya mencionamos, una de las cualidades del sonido es su altura, el grado de agudeza o gravedad, y esta diferencia de altura se representa por medio de las notas, que son siete: do, re, mi, fa, sol, la y si.
¿Y luego cómo se leen? Voilá: la lectura de las notas en el pentagrama es posible mediante el inventazo que es el sistema de claves, que fijan la altura de los sonidos en relación con alguna de las líneas del pentagrama, y al mismo tiempo con las demás líneas y espacios.
Este sistema de claves se basa en tres figuras, que se colocan exclusivamente sobre una de las líneas del pentagrama, y siempre al inicio de este: fa (para el registro grave), do (registro central) y sol (registro agudo). Nuestro querido amigo, el violín, emplea la clave de sol, la cual se escribe en la segunda línea del pentagrama, de abajo hacia arriba, lo que significa que la nota que aparece en ese preciso lugar será siempre sol. Y así, conociendo el nombre de esta nota, es fácil saber el de las demás, en relación con el lugar que ocupen en el pentagrama:
Para ejecutar las notas en el violín, hay que saber primero que las cuerdas del instrumento son, consecutivamente, sol (la más gruesa), re, la y mi. La cuerda sol hace sonar el sol más grave, que se ubica debajo de la segunda línea adicional, abajo del pentagrama. El sol que se escribe en la segunda línea del pentagrama se toca usando tres dedos sobre la cuerda re. En otra entrada daremos algunos tips para la ejecución precisa con los dedos. Tsai chien!

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Bond, James Bond

Esta es quizá una de la frases más famosas del cine, pronunciada, además, por uno de los personajes más conspicuos de la cultura pop desde inicios de la década de 1960, cuando se inició -disculpen la reiteración- una de las franquicias cinematográficas más exitosas de la historia. Sea encarnado por Sean Connery o Daniel Craig, pasando por George Lazenby, Roger Moore, Pierce Brosnan y hasta David Niven (en una parodia irreverente de la saga de espionaje), James Bond ha emocionado a las audiencias de todo el planeta con sus aventuras musicalizadas por el tema compuesto originalmente como pieza jazzística por Monty Norman y enriquecido magistralmente para orquesta por John Barry, quien compuso la partitura de 12 de las 22 películas que componen la serie producida por los Broccoli. En las primeras aventuras cinematográficas, el tema de James Bond se empleó como una suerte de leitmotiv asociado al agente 007, y en los filmes posteriores se convirtió en el tema de acción por antonomasia, no obstante que Barry le dio igual importancia a otras partes de la banda sonora. Según la Wikipedia, el tema de James Bond ha tenido diversas variaciones y adaptaciones según el estilo musical imperante en cada época. Primeramente, se encuentra la versión "clásica" con los arreglos y orquestaciones de Barry y con Vic Flick en los riff de guitarra eléctrica; esta versión del tema aparece en las películas de Sean Connery, desde Dr. No hasta Diamantes para la eternidad, y ha sido la piedra angular para todos los compositores que han escrito música para alguno de los filmes de James Bond. Mencionemos que en Al servicio secreto de Su Majestad, Barry optó por una variación del tema en que un sintetizador moog tocaba la melodía, con el fin de distinguir al Bond de George Lazenby del representado por Connery.

Tras la llegada de Roger Moore, Barry presentó la versión "sinfónica" del tema bondiano, con mejores arreglos y una orquestación espectacular, además de eliminar la guitarra eléctrica. Esta versión se presentó desde El hombre del revólver de oro hasta The living daylights, en la que sólo hubo una pequeña variación mediante sintetizadores como una manera de diferenciar a Timothy Dalton del Bond predecesor.
Asimismo, en plena etapa Moore, La espía que me amó presenta una variación del tema musical en un estilo muy apegado a la musica disco y funky, muy en boga en la década de 1970. El compositor Marvin Hamlisch le llamó Bond 77 a la variación que compuso, por el año en que se estrenó la película.
Muy posteriormente, en la segunda y última película de Timothy Dalton, Licencia para matar, cuando Barry no volvió a trabajar más para la franquicia, el compositor Michael Kamen retomó algunos de los elementos de la versión "clásica" para adaptarlos a guitarra española, y así dar un tono pretendidamente hispano a la aventura de Bond contra un traficante de drogas latinoamericano. Y después, tras un interludio de seis años en la saga, el compositor francés Eric Serra se encargó de la partitura en Goldeneye, pero recibió severas críticas por la manera en que empleó el tema de Barry, tocado por sintetizadores y coros hindúes que le dieron un inadecuado tono tétrico a la melodía. De hecho la única aparición del tema sinfónico de Barry en el film, durante la escena del tanque, se debe a la intervención del compositor John Altman.
Finalmente, tras el malogrado intento de Serra, el británico David Arnold se hizo cargo de musicalizar la serie, e inició su labor con la versión "clásica" en El mañana nunca muere, para presentar su versión en El mundo no basta, con elementos orquestales novedosos y techno que retoma para Muere otro día. Pero los aires clásicos del tema de James Bond volverán a escucharse en la partitura compuesta por el mismo Arnold para Casino Royale.

sábado, 13 de octubre de 2007

Érase una vez...

Ahí, en la bodega del restorán propiedad de su padre, entre sacos de harinas, cajas de verduras y trastos viejos, la hermosa Déborah cumple sus sueños de ser una bailarina de ballet. Cada mañana, a media jornada, mientras su hermano y su padre se afanan en servir a los comensales, la pequeña moza se escapa al trabajo y se encierra, a solas, para bailar como una delicada mariposilla al son de la Amapola. Sin embargo, ella sabe que no se encuentra completamente a solas. Desde hace varios días, ella descubrió que el chico que la adora ha estado espiándola cada vez que ingresa al improvisado estudio, en donde se dará inicio a una hermosa, pero frustrada historia de amor.
La escena pertenece a la épica de gángsters Érase una vez en América (1984), del director italiano Sergio Leone, en la que aparece una jovencísima Jennifer Connelly como la niña de la cual se enamora el personaje que interpretará, en su etapa adulta, Robert DeNiro. El tema de amor de esta película es la Amapola (1924), de José M. Lacalle, de la que deseamos compartir una transcripción para violín.

lunes, 13 de agosto de 2007

Las siete maravillas musicales

En un mundo de por sí lleno de maravillas, parece ocioso ponerse a elucubrar cuáles son las siete maravillas de algo. Sin embargo, no deja de ser un interesante ejercicio de imaginación y, sobre todo, conocimiento, reflexionar acerca de cuáles son las siete maravillas de la arquitectura, las siete maravillas de la naturaleza, las siete maravillas de la literatura o las siete de la cinematografía. Indudablemente, nos sentimos impelidos a reflexionar acerca de cuáles son las siete maravillas, las siete obras cumbres non plus ultra de la música clásica. La siguiente es, pues, nuestra lista muy personal, que en ningún momento pretende ser definitiva ni, mucho menos, impositiva: 1) la novena sinfonía de Beethoven, pues ninguna otra obra sinfónica alcanzó la perfección y monumentalidad de esta obra, que además es un llamado a la hermandad en una Europa caótica y que aún había de conocer dos de las guerras más crueles que ha sufrido la humanidad; 2) la Pequeña serenata nocturna, quizá la más conocida obra de Mozart e indudablemente una de las más encantadoras que se han compuesto, y aún, sólo una pequeña muestra de la enorme genialidad de su autor; 3) la Toccata y fuga en re de Bach, obra cumbre musical de una era en que el hombre dio sus primeros pasos hacia la madurez intelectual; 4) la ópera Nabucco, de Verdi, el más querido de los compositores italianos, quien con su música evocó el espíritu de una Italia que luchaba por su existencia misma como nación; 5) la Consagración de la primavera, de Stravinski, poderosa obra que, como un sueño, evoca un mundo primitivo y fascinante, 6) el Bolero de Ravel, partiendo de una idea sencilla, que se repite una y otra vez, esta pieza nos cautiva con sus compases eróticos como la serpiente hipnotiza a su presa, y 7) el Sonido 13 de Julián Carrillo, genial sistema con que el compositor, orgullosamente mexicano y potosino por añadidura, literalmente desintegró el átomo musical y que abrió una gigantesca veta de sonoridades aún por explorar.

domingo, 29 de julio de 2007

Desde el Mundo Nuevo

Al compositor checo Antonin Dvorak (1841-1904) se le reconoce por haber llevado el "nacionalismo" musical a su mayor expresión. Sus sinfonías, piezas de cámara, danzas eslavas y óperas están impregnadas de los aires de su natal Bohemia, y rebosan de ingenio melódico merced a la honda espiritualidad romántica con que reviste sus ideas, la liberalidad con que las desenvuelve y el colorido que brota al combinar los instrumentos. De entre todas sus obras, quizá la más famosa es la Sinfonía del Nuevo Mundo, compuesta entre fines de 1892 y el primer trimestre de 1893, si bien el estreno no ocurrió hasta el 16 de diciembre de 1893, bajo la batuta de Anton Seidl dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Sus cuatro movimientos son Adagio/allegro molto, Largo, Molto vivace y Allegro con fuoco. El segundo movimiento, del que deseamos compartir con ustedes una transcripción para violín, se inspiró en el poema Canción de Hiawatha, de Henry W. Longfellow. Este movimiento se inicia con una frase reposada y solemne, que en la partitura orquestal precede a la entrada del corno inglés sobre un fondo grave. Se trata de una melodía nostálgica, con ecos en los spirituals de la comunidad afroamericana decimonónica, penetrada por una religiosidad profunda y reverente que se extiende durante varios compases. Ojalá disfruten tocando esta transcripción tanto como lo hacemos nosotros en nuestros ensayos musicales.

domingo, 22 de julio de 2007

¿Y cómo sé la medida adecuada del violín?

En una entrada anterior hablábamos de las diferentes medidas del violín: 4/4, 3/4, 1/2, etcétera, y dábamos algunos tips acerca de la medida adecuada para cada quién según la edad. Ahora deseo compartir con ustedes un tip que nos dio nuestro profesor, especialmente a los de nuevo ingreso, en la última sesión que tuvimos con él. Para saber la medida de violín que nos conviene adquirir, es necesario medirlo con el largo extendido, horizontalmente y hacia el lado del cuerpo, de nuestro brazo izquierdo. Según nuestro profesor, la voluta del instrumento no debe superar la mitad de la palma ni quedar más abajo de la muñeca. Si el instrumento es más corto, quizá conviene más hacerse de una viola. Y si el brazo es demasiado largo, casi como ala de pterodáctilo, pues de una vez un violonchelo. Sin embargo, si de verdad quieren el violín, pues tómenlo con el amor y la confianza con que se toma a la amante, y no lo suelten.

martes, 10 de julio de 2007

Mi amigo el violín

Una verdad proverbial en el ámbito de la música, no sólo de quienes llevan larga carrera, sino de aquellos que se han iniciado en este reino, es que el instrumento, cualquiera que sea su especie, es el mejor amigo de nosotros. Yo diría que, incluso, es como un ángel. Pero no un ángel como esos de que nos habla cierta tradición religiosa. Es, más bien, una variante del numen de los antiguos; ánima inspiradora que con su canto nos llena de inefables gozos al punto de la embriaguez. Cogito ergo sum, decía el sabio Descartes. "Pienso, luego existo". Con la música, merced a nuestro amigo el violín, el aforismo necesariamente implica un más allá de la existencia cotidiana, una elevación a alturas inalcanzables, allá donde habitan las estrellas, como dirían los poetas con enjundia más o menos melosa. Si el perfumista Giuseppe Baldini fue transportado, gracias a la esencia creada por Jean Baptiste Grenouille, a un jardín en que una delicada doncella le susurraba al oído un sutil, pero incitante "te amo", el canto del violín no sólo nos da la promesa, sino la satisfacción misma de una pasión. Musa, quizá, sería una designación más cercana a lo que para nosotros representa el violín. Algunos se preguntarán por qué hablar de una deidad femenina siendo que el violín implica sustantivo masculino. No tengo mejor respuesta que el hecho de que, siendo un numen, un ángel como decíamos líneas arriba, el violín posee la sexualidad de los ángeles. Es un numen andrógino. No obstante, proyectando ya nuestras propias inquietudes, no resultará extraña nuestra inclinación a darle un nombre femenino. ¿Pero cuál será el mejor nombre para nuestro violín andrógino? La primera inspiración proviene de las propias musas: podríamos llamarlo Talía, como la musa de la comedia; o bien, Calíope, como la patrona de la épica. Si bien lo más adecuado sería llamarlo Euterpe, como la ama de la música, a nosotros nos gusta más el nombre de Erato, la musa de la poesía lírica. Llámese pues, nuestro violín, Erato, y sea ello venturoso para nuestros intentos de crear un poema lírico por medio de los sonidos.

jueves, 28 de junio de 2007

Una película entrañable: "El violín"

Cuando me fui al cine a ver El violín (dir. Francisco Vargas, México, 2005), esperaba encontrarme la trillada película de denuncia sobre las violaciones a los derechos humanos en México. Digo trillada no por desestimar la situación de los derechos humanos en mi país, sino porque la denuncia se ha vuelto lugar común no sólo de ciertos políticos que hacen del asunto bandera para atraerse votos, sino de ciertos intelectuales y artistas a quienes la denuncia sirve de pose para darse ínfulas de críticos y bienhechores de la humanidad. En cambio, me sorprendió una película que, sin renunciar a la exposición de situaciones incómodas para el poder, no se hunde en la propaganda izquierdoide y privilegia la estética. Desde las sencillas, pero efectivas actuaciones de los personajes, en especial la del entrañable don Ángel Tavira como el abuelo violinista, hasta la fotografía que recuerda las imágenes épicas de Kurosawa (Barbarroja, La fortaleza escondida, etc.), pasando por los valores que propone (la lucha por la dignidad, la tradición oral como vínculo familiar y social, la música como horma y arte escurridizo para el prepotente*, la solidaridad), El violín es una película que indudablemente marcará un hito en la historia de la cinematografía mexicana y quizá hasta se convierta en un clásico del cine contemporáneo.



(* De particular humorismo, para quienes estamos en esto del violinismo primario, son los desastrosos intentos del capitán militar por tocar el violín, moviendo el arco de forma prácticamente paralela a las cuerdas. Hasta los neófitos saben que el correcto movimiento es con el arco perpendicular respecto de las cuerdas.)

miércoles, 20 de junio de 2007

¡A quién se le ocurre! El caso de Joshua Bell

No tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre, dice el sabio refrán mexicano que bien se le puede aplicar al virtuoso Joshua Bell (39 años, soltero inveterado, atractivo a morir para las jóvenes). Sólo al diario The Washington Post se le ocurrió hacer un experimento ocioso: poner a uno de los mejores violinistas del mundo a tocar in cognito dentro de una estación del metro de la capital estadounidense, el viernes 12 de enero (2007) a las ocho de la mañana. La hora en que la gente, burócratas federales en su mayoría en la estación donde se realizó el experimento, andan a las carreras para llegar a su trabajo. Y sólo Joshua Bell fue lo bastante ingenuo para consentir ser utilizado para el ocioso experimento del diario estadounidense, que pretendía demostrar si el peatón promedio tiene la sensibilidad suficiente para quedarse a escuchar obras maestras de la música o simplemente, tal como ocurrió, se sigue de largo. Si algo demostró el experimento es que si el arte es sublime, por otra parte –como dijera Oscar Wilde– es absolutamente inútil a la hora de checar tarjeta. La gente que va a su trabajo se sigue de largo, sin importar que le pongan al paso a uno de los mejores violinistas del mundo, sin importar que haga cantar a un Stradivarius valuado en algo así como cuatro millones de dólares, y sin importar que dé vida a las obras maestras de la música clásica. Todo tiene un tiempo, sentencia la Biblia. Hay un tiempo para reír y otro para llorar, hay un tiempo para leer The Washington Post y otro para desayunar Corn Flakes, hay un tiempo para checar tarjeta y otro para ¡escuchar a Joshua Bell tocar gratis! Ciertamente, cualquier connaisseur diría que debe ser muy, pero rematadamente muy estúpido el que pase de largo ante uno de los mejores violinistas del mundo dando un recital gratis en un sitio público. Total, siempre se tiene la formidable excusa para explicarle al jefe ceñudo, rescisión contractual en mano, que si uno llegó dos horas tarde al trabajo es que se quedó oyendo el concierto de Joshua Bell en el metro. Sí, Joshua Bell, el que a los 14 interpretaba los solos de la Orquesta Sinfónica de Filadelfia bajo la batuta del gran Riccardo Muti, el que nos embelesó con la música de El violín rojo, el que se ganó un Grammy, pues. El caso es que no todos conocen al Sr. Bell, y de hecho prácticamente nadie lo reconoció, excepto –según el Post– un burócrata que le dio 20 dólares. ¡Una veintena de dólares para un violinista de cuyos conciertos los boletos se cotizan en cientos de dólares! (Nota aparte, el improvisado recital le redituó a Joshua Bell 37.12 dólares, sin contar los veinte mencionados. Sí, la gente le echó centavos como quien da dinero a un limosnero.) Cierto es que Joshua Bell estaba “disfrazado” de violinista callejero, de músico pedigüeño, con sus jeans, una sudadera y gorra, pero la hipótesis del experimento iba en torno a si, independientemente de la facha del artífice, el arte es en sí tan sublime que debería conmover a las masas. ¡Claro!, así como Jean Baptiste Grenouille conmovió a la chusma y escapó a su ejecución merced al arte de la perfumería, así un Guernica debería detener masacres o Joshua Bell aglomerar a las masas de burócratas a su alrededor. Pero no fue así. El virtuoso, por otra parte súper atractivo para las chicas, Joshua Bell tocó y tocó su violín, y prácticamente nadie lo tomó en cuenta. El caso ha escandalizado a los melómanos alrededor del mundo, aunque uno se pregunta cuántos de esos mismos melómanos no hubieran hecho lo mismo de no tener conocimiento de que ese muchacho zarrapastroso que andaba tocando el violín en el metro era uno de los mejores violinistas del mundo. En otras palabra, ¿es el arte en verdad sublime por sí mismo o somos tan vulgares que necesitamos el lugar, la publicidad, la parafernalia mediática toda para entregarnos obsequiosos a la cultura? “Conclusiones” que se derivan del sesudo experimento: 1) en general, los usuarios cotidianos de la estación Enfant (en donde se realizó el de marras) son una runfla de ignorantes sin la menor sensibilidad artística, sin importar cuán atractivo, carismático o virtuoso fue el artista que se les presentó; 2) tocar el violín en ciertas estaciones del metro de E.U. es redituable, por lástima, siempre y cuando se trate de uno de los mejores violinistas del mundo; 3) algunos medios de comunicación de E.U. tienen el suficiente poder para someter a la crema y nata de la cultura a sus tontos experimentos, y 4) al Brad Pitt de la música clásica le fallaron las decenas de fanáticas admiradoras que lo acosan al final de cada concierto. Mejor suerte, creemos, hubiera corrido Joshua Bell de presentarse un día feriado en una plaza o parque público. Pero igual, sin menospreciar el innegable talento de Joshua Bell, quizá mejor suerte habrían tenido las chicas de Bond.

viernes, 15 de junio de 2007

No precisamente un Stradivarius

Si el viejo refrán advierte "crea fama y échate a dormir", tal sentencia igual puede aplicarse a los instrumentos musicales. Pero la fama puede inducir a errores cuando no se tiene la información completa. Así le sucedió a un señor en la ciudad de Guadalajara, Jal. (México), quien entró a una tienda de artículos musicales a preguntar por el precio de un violín, y cuando vio el modelo de que se trataba, pensó que estaba ante una obra maestra de la artesanía. No resistió la tentación, y le preguntó al vendedor si el violín que le mostraba era un Stradivarius auténtico. Por supuesto, un instrumento que se vende en una plaza comercial, a un precio de 4 000 pesos mexicanos (aproximadamente $400.00 U.S.) no puede ser, de ninguna manera, un Stradivarius genuino. Como muchos saben, Antonio Stradivari fue un artesano italiano del siglo XVII, famoso por la extraordinaria calidad de los instrumentos que creó, de los cuales sólo sobreviven actualmente unos 700 que se cotizan en precios millonarios. Entonces, ¿por qué hay tantos instrumentos que tienen una marca de modelo Stradivarius? La razón es que a lo largo de los siglos diversos artesanos europeos han seguido las enseñanzas de Stradivari en la manufactura de instrumentos de cuerda. Así, cuando uno se encuentra un violín con la marca "model Stradivarius", significa que se hizo siguiendo los cánones de una antigua escuela de manufactureros o luthiers, pero no que se trate de un genuino Strad. Este es el caso del violín que se vendía en aquella tienda de Guadalajara. Por cierto, un 4/4 manufacturado por la fábrica Strunal, con sede en la ciudad checa de Luby. Una industria manufacturera que, decía en el violín, opera desde 1640. Así es, yo tampoco resistí la tentación de echarle un ojo.

miércoles, 13 de junio de 2007

¡Tocar violín rejuvenece!

Comprobado no con exhaustivas pruebas científicas, sino por experiencia propia. En verdad os decimos que tocar el violín rejuvenece. No sabemos al momento de redactar este aviso si se trata de un efecto similar al de los cristales de agua que se muestran en la película Mensajes ocultos en el agua o en la polémica ¿Y tú qué... @%#& sabes?, en las que palabras "positivas", amorosas, etc., así como melodías clásicas, tienen el efecto de crear hermosas figuras geométricas, con la posibilidad de mejorar la psicofisiología de los individuos, pero desde que nos iniciamos en el intrincado arte del violín, ya va por lo menos una vez que nos piden identificación oficial para entrar a ver películas de adultos, cuando nunca antes nos la habían solicitado ni en nuestros años más mozos, y son varios los conocidos que al abordarnos en la calle nos dicen "¿cómo le haces para verte tan joven?" No han de faltar (disculpen la especulación) los envidiosos que nos atribuyen pactos con potencias satánicas a lo Dorian Grey, aunque podrían atinarle porque, mientras nosotros nos conservamos juveniles y contentos, otros se arrugan y se amargan cada vez más. Así que, ya lo saben, si desean conservarse jóvenes y bellos, acompañen sus frutas y verduras con una buena melodía de violín.

miércoles, 6 de junio de 2007

De haber sabido...

Una anécdota que se cuenta por ahí (yo la leí en algún boletín de Radio Universidad, de San Luis Potosí) narra que en alguna ocasión un director de orquesta muy famoso, creo que Leonard Bernstein, le prestó la batuta a un melómano que había asistido a un concierto. Le dejó dirigir la orquesta en una piececita sencilla. Al final, el melómano le dijo al director algo así como "oh, esto de mover la varita es bien sencillo". A lo que el director respondió "pero por favor no se lo diga a nadie". La anécdota ilustra la imagen que se forma mucha gente acerca de la música. Cuando uno la escucha y comienza a silbarla, parece cosa fácil. Cuando vemos a los ejecutantes de la orquesta, es tal la gracia y agilidad con que tocan sus instrumentos, que parece fácil. La verdad, para quien se ha metido en esto de tocar el violín, no es tan sencillo como parece. Y la cosa se complica conforme se desarrolla. Cuando se comienza a aprender y conforme se van dominando las lecciones, paradójicamente se llega a pensar que no es tan difícil como se pensó en principio. Pero los nuevos retos nos traen de regreso a la convicción de que nos hemos metido en una buena. Como un crescendo de dificultades. Así, no faltan los que se desaniman, los que se quedan en el camino, los que más pronto que tarde abandonan sus sueños de violinista. Recuerdo, por ejemplo, a un señor de 70 años que una tarde llegó al lugar donde tomo lecciones. Nuestro profesor, quien toca la viola en una orquesta de cámara local, le preguntó por qué quería aprender a tocar el violín. El señor respondió que el pasado fin de semana había mirado en tv un programa en el que un violinista tocó La leyenda del beso, y que la había tocado tan, pero tan conmovedoramente, que le dieron ganas de aprender. O sea que se le hizo fácil esto de tocar el violín. Lamentablemente, el señor tenía un handicap terrible: padecía artritis. Y ustedes saben bien qué implica la artritis para un violinista, para quien la precisa y ágil digitación es imprescindible para tocar las notas, además de que la posición misma en que se toma el instrumento puede ser una tortura para los principiantes, con eso de que se jalan y retuercen las articulaciones de codo, hombro y muñeca izquierdas. No sólo fue la cuestión de la artritis. Como él mismo dijo, llegó "en ceros" a su primera (y última) lección de violín. Apenas comenzaron las advertencias de que iba a tener que aprender teoría musical y apenas lo pusieron a tocar cuerdas al aire, dijo: "la verdad yo no sabía que fuera tan difícil". Alguien le comentó: "Ya se embarcó", a lo que respondió con una sonrisa campechana: "¡Pues me desembarco!" Y no volvió. Y de la misma manera, tampoco han regresado varios compañeros que llegaron pensando que "esto de mover el arquito" era cosa fácil. Bueno, hasta nuestro profesor nos ha comentado que en sus inicios como estudiante él mismo llegó a pensar varias veces en renunciar. Y que incluso ahora que ya toca profesionalmente, y que estudia todavía técnicas de perfeccionamiento, en más de una ocasión se ha dicho "de haber sabido en la que me iba a meter, mejor ni me meto". Moraleja: para meterse en esto del violín, entre otras cualidades, hay que tener voluntad firme.